Agradecemos a nuestro asociado el Lic. Giulio Sansonetti -de Sansonetti Studio– para este interesante artículo.
Las relaciones comerciales de largo plazo suelen construirse entre empresas, pero muchas veces terminan siendo sostenidas por personas.
Durante años, un distribuidor aprende con quién hablar en la casa matriz. Sabe quién conoce su mercado, quién entiende por qué determinado producto funciona de manera distinta en su país y quién recuerda las decisiones que permitieron construir la relación. Hay llamadas que no requieren demasiadas explicaciones. Reuniones en las que ambas partes conocen los antecedentes. Diferencias que pueden resolverse porque existe una historia compartida. Mientras las ventas continúan y la marca permanece en el mercado, esa forma de trabajar empieza a parecer parte natural de la relación.
Hasta que algo cambia.
Un gerente se retira.
La empresa es adquirida por otro grupo.
Una nueva dirección asume el negocio.
Los mercados se reorganizan.
Un país que durante años reportó directamente a la casa matriz pasa a formar parte de una región. Las personas que conocían la historia dejan sus puestos y quienes llegan reciben responsabilidades sobre mercados que quizá nunca han visitado. Nada de ello significa necesariamente que exista un problema.
Las empresas cambian. También cambian sus estrategias, estructuras y prioridades.
Pero para el distribuidor puede ocurrir algo menos evidente. La marca continúa siendo la misma.
La empresa con la que construyó la relación, no necesariamente.
El nuevo ejecutivo encuentra contratos, cifras de ventas, presupuestos y proyecciones. Puede conocer cuánto compra el distribuidor, cuáles productos vende y qué participación representa su mercado. Lo que difícilmente encuentra en esos documentos son veinte o treinta años de decisiones, concesiones, dificultades, inversiones y acuerdos que explican por qué la relación funciona de la manera en que funciona. Para él, muchas de esas circunstancias son antecedentes. Para el distribuidor, son la relación. Y entonces algunas conversaciones también comienzan a cambiar.
Una excepción que durante años tuvo una explicación comercial puede parecer ahora una condición injustificada. Una inversión realizada por el distribuidor puede ser vista simplemente como parte de sus obligaciones. Un mercado construido durante décadas puede convertirse en una cifra dentro de una región mucho mayor. Incluso determinadas condiciones comerciales pueden comenzar a revisarse sin que quienes participan en la conversación conozcan ya las razones por las cuales fueron establecidas. No necesariamente porque la nueva administración pretenda desconocer la historia. Simplemente porque no la vivió.
El distribuidor, sin embargo, puede continuar comportándose como si estuviera frente a la misma casa matriz. Busca las mismas conversaciones. Espera que determinados antecedentes sean comprendidos.
Confía en vínculos personales que quizá ya no tienen el mismo peso dentro de la organización. Sin advertir que el cambio ocurrido al otro lado de la relación también modificó su propia posición dentro de ella.
Paradójicamente, cuanto más larga ha sido una relación comercial, mayor puede ser la distancia entre la empresa que el distribuidor recuerda y aquella con la que ahora se relaciona.
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